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Tercera carta a la beba Aleida Pintor Chávez 

05/01/08 

Nunca imaginamos que tardarías tanto. Todo empezó hace aproximadamente veinticuatro horas. Tu papá llamó para avisarnos, tu mami había empezado labor de parto. Brincamos de emoción. Faltaban pocas horas para tu arribo. Como es común en estos casos, esperamos, esperamos y volvimos a esperar. Como a las nueve y media de la noche de ayer, tomamos camino al hospital materno de Milpa Alta, una de las delegaciones más grandes y alejadas del centro de la ciudad. 

Tu abuelito Jaime se quedó en casa porque había trabajo por hacer. Pensaba que de cualquier forma no se perdería tu llegada, tenía razón. Nos tenías harto pendientes. Nos sorprendimos mucho cuando, al llegar, vimos a tu mamá súper calmada. No parecía estar por parir. No sentía ningún dolor, los médicos la habían regresado a casa. ¡Ah, que criatura tan rara! Jamás dio lata durante el embarazo, y ahora se hacía del rogar para respirar por la nariz. Esperaba tal vez la alfombra roja. 

Déjame contarte bien qué sucedió. Por la tarde de ayer, cuando tu papá nos llamó, ya habían ido al hospital a revisión. Le dijeron a tu madre que tenía cuatro centímetros de dilatación. Según el informe no tardabas en nacer. Tus papis regresaron a casa de tus abuelos maternos para preparar tu ropita y dejar pasar el tiempo. Y tu mamá andaba y andaba, esperando que de un momento a otro avisaras tu inminente llegada. Pasaron tres horas, las recomendadas antes de regresar al hospital. Por supuesto, tus padres y abuelos maternos llegaron antes. 

Cuando tu abuela Juana y yo llegamos, tu mamá estaba en otra revisión de rutina. Debo decir, todos tus abuelos lucían extraordinariamente emocionados. Y tus abuelos maternos parecían estar cansados. Seguro los agarraste después de una ardua jornada de trabajo. 

Salió tu mamá del consultorio como si nada. Lucía rebosante, lozana, con mucha vitalidad. Y cómo no iba a lucir tan bella y sana si es tan joven y aguantadora. Nos dio una sorpresa. La doctora había cambiado el primer informe. No eran cuatro, sino dos centímetros de dilatación. Había que esperar más. Esperamos. 

Apenas llegó tu abuelo Jaime, acompañó al trío de peregrinos ambulantes (mamá, papá y tu abuela paterna) en las afueras del hospital. Recorrían el estacionamiento a paso acelerado, impacientes por verte. En la sala de espera, estábamos tu abue Gloria y yo. Pero no aguanté mucho el dolor de encías, además desfallecía de hambre: ya me conocerás, soy un troglodita. 

Una hora después de llegar al hospital junto con tu abuela Juana, los estragos de una cirugía de muelas que me practicaron por la mañana, me tenía cansado, hambriento y dolorido. Salí para avisarles a mis papás que necesitaba comer algo y tomar mis medicamentos. Dejaron la peregrinación y me llevaron al centro de la delegación a conseguir algo suave y sustancioso para saciar mi hambre. 

Todos llamaban para preguntar cómo iba tu mamá. No actualizábamos mucho. Llegué a pensar que nacerías ayer mismo, pero fallé una vez más en mis predicciones. Porque has de saber que no soy buen psíquico. Dije que nacerías el mismo día que tu mamá cumple años (28 de dic.) y que serías niño. Cosas en las que agradezco estar equivocado. Regresamos al hospital después de cenar algo. La condición de tu mami era la misma, nada había cambiado. Comenzamos a sentirnos impacientes, pero sabíamos que el proceso era relativamente lento. Nuca imaginamos lo tardado que fue. 

Nuestra presencia en el hospital no hacía más que entorpecer y estorbar. Además no todas las personas ahí celebraran como nosotros. Había que darles espacio. Regresamos todos a casa nuevamente. Habían pronosticado nacerías hasta hoy. Así fue. Debiste nacer alrededor de las siete de la noche. Mantuviste a toda la familia en ascuas durante un día entero. Sonaba el teléfono y creíamos sería tu papá para darnos la buena noticia, pero eran los tíos y primos para preguntar qué pasaba. 

El informe de tu nacimiento lo proporcionó (extraoficialmente) una enfermera que atendió el parto de tu mamá. “Es niña y pesó tres kilos novecientos gramos”. Imagino que todos gritaron de felicidad entonces. Me enteré por teléfono en casa un momento después, porque el dolor de la cirugía no me ha dejado aún, pero como seguramente hicieron ellos, yo también grité y agradecí fallar en mis pronósticos. Nena hermosa. Gracias a todos los dioses ya estás con nosotros. Y aunque no te conozco aún, sé que eres hermosa como tu madre y guerrosa como tu padre. Que llenarás de alegría tus hogares y cambiarás las vidas de muchos allegados. 

Aleida.  Así te llamarán tus padres. Es un nombre lindo. Tengo muchísimas ganas de verte crecer, de compartir contigo mi vida, consentirte y educarte lo mejor posible. Te amo sin conocerte aún. Te amaré siempre. ¡Al fin llegó una princesa a nuestra familia! ¡Hermoso regalo de Reyes! 

Escogimos “La tupida copa de un árbol”[1] porque uno de los criterios de selección para los cuentos es el tema: cuentos amorosos. Nos gustó mucho el tratamiento que le diste al personaje (de repente un poco obsesivo) y la historia (que deja de ser la del protagónico para ser la de la pareja que observa). Hasta te imaginé súper clavada en la ventana. ¿En qué te inspiraste para escribir este cuento? “Viví en un departamento muy chiquito (cuando digo chiquito, hablo de 49 metros cuadrados; chocaba contra todo) lo único que veía por la ventana era un liquidámbar y la casa de mis vecinos de abajo. Ellos no me veían, o yo suponía que no me veían. Viendo a los vecinos, se me ocurrió escribir qué vida podrían tener. Pero, lo que narro en el cuento, nunca pasó. Aunque sería súper divertido”. ¿Simplemente se te ocurrió? “Las cosas que no veo, son más interesantes que las que veo”. Entonces tus cuentos son, más que vivenciales o de anécdota… “…y se vuelven buenos deseos”. Risas. “De verdad espero que pasen cosas así de interesantes… y no digo que mis cuentos sean más interesantes que la vida. Imagino las cosas y pienso que de tal manera deberían o deben suceder”. Una de las frases que más nos impacto de tu cuento fue: “¿Cuánto tiempo estamos dispuestos a soportar al otro?” A mí (Israel) me llegó tanto… Tiene que ver con circunstancias que vivo actualmente. Sabes que están ahí, que esas situaciones existen pero no las tienes presentes. Y son justo cuentos como el tuyo, que te lo recuerdan de una manera muy efectiva y te pone los sentimientos a flor de piel… “Para mi siempre ha sido un misterio cómo puedes relacionarte con las personas (sobre todo en la época que escribí Las malas costumbres). Me preguntaba cómo podías hacerlo sin que la cosa se deteriorara seriamente. Pensaba que correspondía con el deterioro personal y no había forma de pararlo. Envejecerás y las cosas que le sucederán a tu cuerpo responden a lo que vives por dentro… ¿Cómo tolerar a alguien que se está echando a perder por dentro y fuera? Eso ha cambiado para mí. En esta época de mi vida ya nada tiene que ver. Pienso que uno puede restaurar relaciones a partir de restaurarse a sí mismo. Pero cuando escribí Las malas costumbres, mi vida definitivamente no era así. Las relaciones que había visto cercanas, y sobre todo las de muchísimos años que presencié en la infancia, fueron en parte, el motivo. Por ejemplo, de chiquita vivía en un duplex y me daba cuenta de la vida de mis vecinos: se llevaban fatal, tenían una relación horrible; era una cosa muy extraña. La señora murió después de un cáncer muy jodido y, —para que veas cómo es esto, cuánto tiempo está uno dispuesto; a cambio de qué. Es un poco lo que intenté reflejar en mi cuento: ¿qué pasa? Ni se sueltan ni se agarran— el señor, aficionado de la fotografía, amplió fotos de su ex esposa y las pegó en la recámara, las escaleras, cocina, coche… hasta sacaba su ropa a pasear…”. ¿Cómo crees? Llegaron a un nivel muy inverosímil. Una vez más, la realidad supera la ficción. “!!Era horrible!! Uno los veía y no se soportaban. Y luego, con la reacción del esposo no podíamos más que preguntarnos, una y otra vez, ¿por qué? Eso tiene un término. Psicológicamente se llama codependencia. ¿Cómo llegamos a eso? Eres una persona normal, que se enamora, se revela, etc., ¿en qué momento llegamos a la codependencia? ¿Qué pasó? No lo puedes ver. Finalmente, lo que ésta mujer ve desde su ventana[2] es esa relación. Los dos tratan de zafarse y no pueden”. Es una situación muy loca de amor-odio. Se siente, todo el tiempo, que el amor aún los une —hay dejos de celos no explícitos— y a la vez hay una onda de hastío, fastidio mutuo, que nos hace pensar de manera distinta… “Ese cuento es muy extraño. No sabemos qué paso después, ¿la mató, la dejó? No sé. Lo único que sé está en el cuento, lo demás ya no… Podría escribir la segunda parte…” Risas. Ahora que nos contaste el contexto de esta historia, dinos ¿cómo vive Julieta García el cuento, para ti que es el cuento? Silencio, obviamente, a Julieta se le dificulta contestar. “Esas preguntas son dificilísimas. Es como el tipo de preguntas y afirmaciones que me lanza vacíos incontables. Como cuando marcas un número y te dicen: el número que usted marcó no existe. ¿Cómo que no existe? Lo acabo de marcar. No me digan que no existe porque me pongo muy nerviosa. En todo caso no estará asignado… No sé, caray… También pienso que es el tipo de preguntas que, no importa qué contestes, está mal”. Risas. “Voy a ir a la experiencia con los editores. Ellos dicen[3] que los cuentos no venden. Escribí Vapor hace muchísimo tiempo (1996) y se publicó en 2004. Lo mandé a concursar a primera novela de Planeta. Me hablaron para decirme que mi libro estaba entre los finalistas pero no podía ganar. Me preguntan: ¿no tienes otro libro? No, el libro que tengo es ese. Nos interesa mucho publicarte, pero no podemos publicar Vapor. Algo muy raro. Le dije que tenía un libro de cuentos. Inmediatamente contestó: no, no, los cuentos no venden. Cuentos sólo si ya publicaste novela. Ya después de que se publicó[4], se acercaron otras editoriales. ¿Qué otra novela tienes? No tengo novelas, esa fue la única que escribí porque es una historia larga, pero soy básicamente cuentista. Es que los cuentos no venden. ¿Cómo que no venden? ¿Qué pasa? Y es raro, porque nuestras mamás no nos cuentan capítulos de novela para dormir. Nos cuentan cuentos. Me gustan mucho las posibilidades abiertas. Con el cuento se abren muchas. Empecé a escribir cuento, para empezar porque no me salía otra cosa, por más largo que quisiera hacerlo, se terminaba antes: ¡chin, maldita sea! Pero también es que me interesan las cosas así, breves. Las cajitas de sorpresas. Sobre todo, me gusta leer cuentos. Si, he leído graaandes novelas. De esas de más de un tomo y cosas así, pero los cuentos me fascinan por la posibilidad de guardar información. Una novela te da todo un mundo. En el cuento, apenas entras a ese mundo y lo demás está en ti. Para mí, los buenos cuentos, dejan las puertas abiertas. Me gustan también porque me hacen pensar en la forma de relacionarme con la vida. Los cuentos son cosas más cercanas a la vida. Los cuentos son como pasar a la velocidad de una ráfaga por la vida de alguien y te quedas en el ¡worale!, esta chido. Y puedes imaginar qué mas hay allí”. Después de que pensaste un poco la respuesta a esta pregunta terminaste diciendo cosas muy interesantes… Nos dices que disfrutas mucho leer cuentos. Sobre cuentos mexicanos, ¿cuáles te gustan, ¿cuáles te disgustan?, ¿por qué razones? “Me gusta mucho Luis Humberto Croswithe, los cuentos de Álvaro Enrigue, pero de Hipotermia. Me gusta muchísimo La Casa pierde de Juan Villoro. Del mismo autor, Los culpables; tiene algunos cuentos chidos. Por supuesto Arreola, un héroe nacional. Torri también me gusta, aunque a veces es muy raro. Guadalupe Dueñas tiene unas cosas padrísimas. El padre Rulfo, naturalmente. De ahí sale algo chido para contar: desde siempre me gusta escribir; tenía 12 años, durante unas vacaciones de invierno, una tía que ya no sabía qué hacer conmigo, me dijo: lee este libro, cuanto termines haces lo que quieras. Terminé de leer El llano en llamas y dije, quiero ser escritora, no quiero hacer otra cosa en la vida. Todo lo demás es una idiotez. Si alguna vez puedo hacer una página tipo Rulfo, ya estoy del otro lado”. Deslumbra… “Es alucinante, me encanta. ¿Quién más? Seguro se me olvidan miles… ¿Sabes qué pasa? Esto no lo traes en la cabeza. Los gustos cambian conforme pasa el tiempo… Inés Arredondo tiene cosas muy buenas; Amparo Dávila es súper chida”. Y ahora que estas haciendo este recuento de tus favoritos, qué notas cuando comparas las lecturas de los clásicos con las actuales. ¿Qué te llama la atención de cómo se escribe el cuento actualmente? “Un cuento hoy es mucho más visual. Tiene que ver con cambios muy importantes de la cultura popular. Los que empezamos a escribir hace poco ya nos habíamos chutado muchísima tele y muchísimas películas; dos formas de entretenimiento importantes actualmente. Otro detalle: el uso del lenguaje ha cambiado, cosa que responde a una convención cultural. Rulfo, por ejemplo, es muy preciso en el uso de las groserías. Tanto que llegamos a ella y nos ofendemos. Arreola, por otra parte, no usa. Él era un caballero, un dandi que no usaba esas palabras horribles. Hoy, decirle pendejo a alguien, no es raro. También siento el lenguaje más rápido. Creo que estos recursos vienen más de la cultura popular”. Hablando de los recursos. Nuestras lecturas nos permitieron darnos cuenta que se utiliza mucho la ironía, la burla… ¿Crees que este sea uno de los cambios más significativos? Por ejemplo en Rulfo, que ha venido mucho al caso, o en escritores revolucionarios o post-revolucionarios, un recurso muy utilizado era la crítica política… “Estamos en un momento de cinismo, descreimiento. Y esto que dices está reflejado, es algo inevitable. Depende mucho de los autores: hay unos más reaccionarios que otros. Tal vez dentro de unos cinco-seis años, pase lo que pase con el próximo gobierno, vamos a vivir un desánimo generalizado porque todos son la misma madre. Eso se va a reflejar, probablemente refuerce la sátira y la ironía como recursos en el cuento mexicano. De la generación de la ruptura, por allá del 32, he leído mucho, sobre todo a García Ponce y Sergio Pitol; eran autores que buscaban un cambio. Luego viene lo del 68 cuando todo se fue a la mierda, aunque había un Revueltas y otros… Después vienen las generaciones donde todo lo que rodeó a los de antes ya no existe, las cosas cambian, no hay nada que hacer. ¿Qué hay? La tele, el cine, la vida cotidiana, la vida personal. Los de hoy están en su desmadre, su espacio, viendo desde su ventana la vida de sus vecinos… Y tampoco es un rollo de aislamiento o narcisismo, responde a la época que vivimos”. ¿Entonces, crees que el cuento clásico se convierte en algo que puede armar el compromiso con los demás? “En los cuentos que ustedes eligieron como clásicos[5] sí; hay una idea de integración social: formamos parte de un conjunto. En los cuentos recientes[6] no; soy yo viendo lo que me pasa, tratando de entender lo que está a mí alrededor con la posibilidad de no lograrlo”. Puede haber, en los actuales, un compromiso o intención de cambio, pero mucho más íntimo…” Claro, desde lo individual. Creemos que va de la mano con los cambios sociales que han sucedido. Con el bombardeo de tele, cine, radio, internet; la individualidad se marca más: “no se mirarme, porque tampoco se mirar al otro”. Ahora los casos son de “mi vida, mis problemas”… “Se puede aterrizar a casos específicos de escritores, creo que hay quienes sí se están preocupando por entender el mundo que miran. Es el caso de Croswithe, Villoro y Enrigue. Están tratando de entender su mundo, aunque sea a las patadas. Son ellos diciendo cómo llegue aquí, por qué estamos aquí, qué está pasando. Y hay otros, cuyos nombres no mencionaré, que son yo, para mí, por mí, etc. Tiene que ver mucho con las personalidades. Si lees a un autor que te caga, es probable que siga haciéndolo, porque el producto es resultado de su personalidad. El contexto social permea. Primero era todo revolucionario, de cambiar al país. Luego la idea era cambiar el mundo. Después el tono era de ¡nos han visto la cara pero no pasaran! y, ahora de ¡chale, no hay nada que hacer; déjame en paz!” >>. Risas, más risas. “Es natural que el contexto social se imponga ante la creación del cuento a lo largo de la historia, pero no creo que sea algo tajante, algo que lo defina. Los cambios responden más al autor, al tipo de escritura. Así, podremos encontrar similitudes entre los primeros y los últimos”. Es muy interesante la observación… “Se puede analizar el cuento al desmenuzar su contexto, pero no creo que tenga mucho sentido. En realidad tiene que ver con la personalidad de cada autor”. Cambiando un poco de tema y metiéndonos con la técnica del cuento mexicano, comparando clásico y actual, ¿crees que están menos cuidados? “No. Por muchas cosas. Primero porque existen las computadoras. Puedes revisar mil veces, cortar, pegar, borrar, agregar, preguntar cuántas veces repites palabras, etc. No todo el mundo sabe, ni lo usa, pero muchos escritores que ahora publican lo usan como una gran herramienta de trabajo. Claro, eso no sustituye el talento. Quien sabe escribir, puede hacerlo mejor, no en cuestión estilística, pero técnicamente hablando puede. Y antes eso no era posible para cualquiera. Regresemos a Rulfo. Él tenía perfección en la cabeza, era obsesivo en las revisiones, el mismo caso con Cortázar: escribía todo en su cabeza durante días (con puntos, comas y mayúsculas) y luego se sentaba a escribirlo en papel sin necesidad de corregir. Este hombre tenía un word  y tablas de excel en su cabeza. Quienes somos pelmas, necesitamos ayuda, usar la herramienta. Esto posibilita la perfección. Pero también permite que cualquier güey escriba cualquier mamada”. Risas, más risas. Risas. ¿Crees que algo de esto se deba a la inmediatez que vivimos actualmente? Algunos atañen esto, por ejemplo, al fenómeno youtube… ¿Estás de acuerdo? Silencio. “No estoy convencida. Lo que sí ha cambiado es la forma. Te contaré: cuando era niña, después de la hora de la comida en casa de mi abuelita, se contaban historias. Entre las cosas que se decían, estaba la de que los antepasados de mi abuela también contaban historias. La gente lo ha hecho todo el tiempo. Responde a la necesidad de presencia, permanencia a través de la vida. Aunque las herramientas son distintas. Eso por un lado, por otro, somos muchísimo más personas de las que éramos antes. La necesidad de escribir se ha multiplicado, no tanto por querer alcanzar la fama, sino porque somos muchos. Además hay que reconocer, las cosas chafas no pegan ni en youtube, si lo vemos es porque está calificado, porque tienen estrellitas… Y es chistoso, pasa también con los blogs. Hay unos malísimos y tienen millones de entradas. Otros, que valen la pena, casi no son visitados. El fenómeno que vivimos hoy de inmediatez responde a la misma necesidad humana de expresión. Antes no existía esa posibilidad, ahora que la hay, muchos la aprovechamos”. Estás convencida de que el cambio se encuentra más en la forma, ¿cuáles son los cambios que reconoces? “Hoy se experimenta más. México post-revolucionario era más conservador, menos arriesgado en estos ámbitos. Ahora, por primera vez, lo veo más atrevimiento. Cuando estudié, no tanto en la universidad, sino en la prepa, te decían: el cuento tiene ESTAS características. Hoy es mucho más libre. Alguien con talento, puede romper la forma y construir un fondo atractivo: desde el uso de los signos de puntuación. Antes, las aventuras en cuanto a forma no eran tan consientes. Ahora se nota la alevosía. Además de contar con herramientas muy útiles para alcanzar nuestros objetivos literarios”. En nuestras lecturas de cuento actual encontramos tres temas recurrentes: la sexualidad, la soledad y la muerte. ¿Piensas que esto nos puede llevar a considerar que estos temas forman parte de los cambios del cuento actual comparado con el clásico? “En cuanto a sexualidad, García Ponce es un ejemplo de lo contrario. Sus cuentos eran casi porno: te decía tamaños, colores, texturas; que si se lo metía por aquí o por allá… Too much, dices cuando lees. Creo que eso no se ha vuelto a repetir, por lo menos no igual. Tal vez en novela, no en cuento. Aunque se trate de manera más abierta el tema. Porque el sexo hoy es más natural. Quien no coge hoy, pobrecito”. Risas desmesuradas. “Pero no lo veo como un tema recurrente, sino como una forma de vida. Ahora, la muerte. Creo que se habla menos de la muerte ahora que antes. Tal vez por un tipo de compromisos social: todo el mundo se iba a morir, además en conjunto. Algo súper fuerte. Y la soledad si…”. Interrupción. Recuerdo un cuento tuyo: “El enemigo”, publicado en Generación del 2000; una mujer que se va despojando de tus cosas por una voz recurrente que le ordena en sueños alejarse de todo, queda sola. Este cuento, refleja el tema de la soledad de una forma muy intensa… “Si. Pienso en hormigas. La soledad en un fenómeno, por contradictorio que suene, que viene a raíz del incremento de personas en el mundo. A más que somos, más soledad sentimos. Si creo que este tema es una diferencia importante”.



     

[1] Último cuento de Malas costumbres, FCE, 2005.
[2] El personaje protagónico del cuento “La tupida copa de un árbol”
[3] Extraño que se refiera a los editores como “ellos”. Julieta García es editora.
[4] Vapor
[5] Antes de comenzar la entrevista se explicó a Julieta de qué trata nuestra tesis y se comentó que nuestro grupo de clásicos está conformado por Arreola, Garro, Torri y Revueltas.
[6] Del 2000 a la fecha.
Nota: Esta entrevista forma parte de una tesis llamada Los suyos y los nuestros. El cuento mexicano, exponentes y evolución.
Nota 2: Entrevista realizada el 9 de diciembre, 2007.

El padre Nicanor aguardaba sereno la llegada de los feligreses detrás del altar en la Iglesia de San Pascual Rey, impávido, daba la impresión de esperar el fin de su agotadora jornada. Eran las nueve de la noche del miércoles de ceniza. Daría inicio la tercera imposición de la noche. Más cansado que devoto, el padre siguió al pie de la letra la tradición, cargó sobre sus manos el tazón con las palmas quemadas del domingo de ramos. El ambiente encerrado del lugar atrajo, como miel a las abejas, un incuantificable rebaño. Las misas antecesoras tuvieron todo de tradicionales. La proclamación del padre fue más expresiva y cuidadosa en las lecturas del día; entre cantos del salmo, se creaba el ambiente de la Cuaresma: el gravamen de la ceniza comunicaba fácilmente su mensaje de humildad y conversión. Poco a poco se llenaron los lugares de la Iglesia. Dos monaguillos encendieron las veladoras. El padre Nicanor entonces, dejó la serenidad para iluminar su rostro con una increíble sonrisa de satisfacción, reacción por la llegada abrumadora de los bastardos Buendía. La multitud de San Pascual Rey borboteó en murmullos, incluso para mí fue sorpresivo el arribo de los cuarenta hombres. Hombres que nunca antes habían pisado la Iglesia, no por herejía, sino por impedimento del padre. Y no podía ser para menos cuando los Buendía, bastardos reconocidos del pueblo, festejaban veinticuatro por veinticuatro horas, interminables parrandas bañados en champañas y conducidos por las putas del burdel de Doña Cata. Miré incrédulo la entereza del padre. No fui el único extrañado, la congregación entera se preguntó el motivo del arribo de aquellos hombres. El padre viró hacia mí, borró con una servilleta la ceniza de su frente y postró nuevamente su rostro frente al mío en espera de su tercera imposición de la noche. Marqué con mi pulgar, tembloroso, otra cruz en su frente. Sin más, el carraspeo del padre concentró las miradas en el altar. Dio inicio la misa. Se tocaron las campanas, los inciensos se esparcieron y la cera de las veladoras se consumió. Aquellos hombres retaron, sólo con su presencia, la sagrada imagen de Jesucristo crucificado. Durante toda la ceremonia, permanecieron de pié al fondo del recinto sin rezar ni moverse. Luego pasó algo irregular: el padre sacó de la repisa bajo la mesa de servicio otro tazón con cenizas y lo puso en el altar, a un lado del tazón con cenizas utilizado en las otras ceremonias. Tomó éste último y dejó el recién sacado. Convocó entonces a formarse para dar imposición al pueblo. Un mundo de señoras y niños abarrotaron el pasillo principal. Todos los Aurelianos, porque así se llaman, Aureliano Buendía, permanecieron al fondo. Extrañado, sin entender la irregularidad del padre al sacar otro tazón con cenizas, procuré conservarme tranquilo, sabía que algo andaba mal. De frente a la monumental hilera, una vez más me postré a su costado con el sagrado Evangelio en mis manos. Los feligreses fueron marcados con una cruz en la frente por el pulgar del padre, al tiempo en que repetía, “Polvo eres y en polvo te convertirás”, para luego pasar conmigo, besar el libro y escucharme decir, “Convertíos y creed el evangelio”. Mis frases parecieron más suspiros, las del padre se encendieron al pasar de feligrés en feligrés, como si terminar con la fila le llenara de alegría. Conforme los concurrentes regresaron a sus lugares, el murmullo inundó nuevamente la Iglesia. Y es que todos se preguntaban la razón de por qué estaban ahí los Buendía. De repente, uno de ellos gritó desde el fondo ¿A quioras nos toca a nosotros? Desde el altar se escucho pronunciar al padre Nicanor Ahora mismo hijos míos. Aquello parecía obra del mismísimo Demonio, como por reflejo nos persignamos todos. La inquietud de los concurrentes se debía más a la incertidumbre que a los acontecimientos. La multitud miró boquiabierta la fila de hombres que caminaba hacia el altar. Sin prisas, el padre se volvió y cambió de tazón. Pocos nos percatamos de ello, pues la mayoría permanecía petrificada ante semejante espectáculo. Cuando los cuarenta Aurelianos estaban frente al altar, se escuchó pronunciar al padre Nicanor Pueblo de San Pascual Rey, el día de hoy seremos testigos de la fuerza de nuestro señor Dios. Nadie más que él ha logrado traer a su casa estas arrepentidas almas. Demos fé del poder divino. Los feligreses se arrodillaron al término de las palabras del padre. Esto sin duda salía de la tradición que prepara para la Cuaresma. Aún sin comprender sentí un codazo en la costilla, era el padre, la señal me indicaba recobrar la postura y mostrar el evangelio a los cuarenta Buendía. Del bolsillo derecho de la sotana, le vi sacar una especie de sello en forma de cruz. Cuidadosamente lo impregnó y marcó las frentes de los cuarenta hombres. Pero ahora ninguna frase se pronunció en el acto. Apenas imprimía en el último de los Buendía la cruz, anunció determinantemente Esta misa ha terminado, podemos irnos en paz. Hasta ese momento nadie, incluyéndome, entendía lo sucedido. Los feligreses salieron a pasos temerosos, no tan convencidos del milagro de Dios que había llevado a los Buendía hasta la Iglesia por su salvación. Los monaguillos apagaron las veladoras y salieron también. Únicamente se quedaron los cuarenta hombres hincados frente al altar. Como de costumbre, empecé a acomodar los sagrados utensilios, mientras el padre Nicanor reposaba brevemente con las manos en las sienes, recargado sobre el altar. Muy silenciosamente le escuché decir Gracias Señor por permitirme ayudarte en la purificación de estas almas. Los Aurelianos permanecieron hincados, con las cabezas gachas y los ánimos pacíficos.  Luego de que saliera hasta el último de los concurrentes, el padre cerró las puertas de la Iglesia y regresó frente a los cuarenta hombres. Se le transformó el tono de voz, dejó la postura rígida y se dirigió a los Buendía Ya está, redimidos quedan. Absuelvo todos sus pecados y les doy la bendición. Su reputación queda restaurada. Con su bondadosa contribución ayudarán a enaltecer la casa de Dios. Más no esperen de mí el perdón, sirvo apenas de intermediario con nuestro Señor, será él quien se encargue de juzgarlos y ajustar cuentas. Inmediatamente uno de los hombres preguntó ¿Hora si ya quedamos no? Sin pleitos ni recelos. Le miraron todos impacientemente. Cada uno de nosotros necesita oír esta llamada urgente al cambio pascual, porque todos somos débiles y pecadores, y porque sin darnos cuenta vamos siendo vencidos por la dejadez y los criterios de este mundo, que no son precisamente los de Cristo. Pueden irse ya, que el poder de los cielos les guíe hacia la luz y los días de la cuaresma les hagan bien; respondió el padre, y salieron divertidos los Aurelianos azotando las puertas de la Iglesia. Hace treinta y nueve días de esto, está por acabar la cuaresma. Desde ese miércoles, uno a uno han muerto los Buendía. Queda vivo el último y ya agoniza. Me ha mandado el padre Nicanor, otra vez, a dejar las condolencias correspondientes. Desde el miércoles de ceniza, los feligreses de San Pascual Rey dejaron de ir a misa.

Mi padrino

22Nov07
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Luis Perelman y yo. Foto del tercer aniversario del MDS-UAM.X (13 de octubre, 2007) 

Alrededor un montón de gente, pero estaba solo. Las letras de un par de libros eran el mejor y único consuelo: Oscar Wilde, García Márquez, Luis Zapata, Rinna Riesenfeld, Michelangelo Signorile, Xavier Lizarraga… dueños de palabras alentadoras, sustento entero de mi entonces blando temperamento. Inseguro, con más dudas que certezas, derrotado seis veces por mí mismo en el intento por ingresar a la universidad, aterrado, imaginé calculadoramente todas y cada una de mis posibilidades a futuro y negué cualquiera de éxito. Pero un día, gracias a la fuerza y determinación encontrada en la más profunda y escondida de mis neuronas, empecé lo que hasta hoy es sin lugar a dudas la experiencia más satisfactoria y enriquecedora de toda mi vida. Sorpresivamente fructificó el esfuerzo; como lo hacían los animales de Macondo al pasar de Petra Cotes, pero no por gracia del realismo mágico, sino por la labor de joderme el lomo estudiando hasta lograrlo: comenzar mis estudios a nivel superior. Como pocos, tuve la oportunidad de decidir entre dos de las universidades públicas más importantes en México, la UNAM y la UAM.X. No hace falta contar lo obvio. Terminé el primer trimestre y, por no dejar, conocí el sistema educativo de mi otra opción. Pensé poco para tomar la decisión; en mi casa abierta al tiempo encontré lo que andaba buscando. Podría llamar a ese momento maravilloso, el parte aguas en la historia de mi vida, la decisión más acertada. Fue entonces, al continuar mis estudios en la UAM.X, que todo cambio. Harían falta varias páginas para delinear lo patético de mi personalidad antes de adentrarme al mundo de las posibilidades infinitas que ofrece el ambiente universitario; tome valor, un valor desaforado, ese que sólo nace en las personas cuando se miran al espejo y ven con claridad lo que hay en él. Años atrás, cargaba en costales pesados la culpa de no saberme ni sentirme autónomo, transparente y capaz. Da pena confesarlo, pero ahora superado el asunto puedo expresarlo sin pudor. Ataviado desde la cabeza hasta los pies de una energía difícil de explicar, supe del poder sobre uno mismo y emprendí un camino incierto. Bajo las presiones en casa que aún provocaba mi reciente salida del clóset, sin claridad o albor alguno, con tres pesos en la bolsa, grandes ilusiones en el pecho y la corazonada de dar en el clavo; junto a otros valientes, pegué, casi con chicles masticados, quebrantables anuncios en las paredes de la escuela. Estos convocaban a “la banda” del plantel a reunirse con la finalidad de enriquecer la comunicación y afianzar un espacio de expresión libre de juicios negativos con respecto a los temas de diversidad sexual, sexualidad, derechos humanos y orientación sexual. Recuerdo el primero de los días, bajo una gran palmera del jardín ubicado a espaldas del edificio de biológicas. Tres, cinco, diez personas. No más. Algunas de ellas conforman todavía el colectivo, pero igual que yo, están por egresar. Pocos meses antes de terminar el 2004, se había reunido ya un aproximado de cincuenta personas. El crecimiento y respuesta de los estudiantes fue para mi sorpresa, intenso y prácticamente inmediato. Luego entonces, sin nombre o concepción concreta del naciente proyecto, nos dimos a la tarea de afianzar el grupo asegurando la comunicación entre sus participantes vía Internet, creando un blog  para ello (www.aquenosabias.blogspot.com). Paso a paso las ideas de los más avezados e interesados partícipes, fueron aterrizando firmemente y bautizamos pues al proyecto Movimiento por la Diversidad Sexual de la UAM.X (MDS-UAM.X). Muchas cosas han pasado desde entonces, no terminaría de contarlas todas en este espacio, pero afortunadamente existe un registro de la mayor parte de los eventos realizados por el MDS desde sus inicios, cualquiera de ellos puede hallarse en la sección “haciendo historia” de nuestro blog. Gracias a las actividades desarrolladas a lo largo de tres años, el MDS se consolida hoy como el grupo estudiantil de diversidad sexual en el plantel, de más duración. El movimiento ha subsistido desde entonces a la par de algunas circunstancias que han propiciado su desarrollo, me refiero a la situación actual del activismo LGBT (Lésbico, Gay, Bisexual, Transgénero, Travesti) en la Ciudad de México. Desde 1968, incansables intentos por la defensa de los derechos humanos, sexuales y reproductivos han caracterizado el activismo LGBT. Desde aquél momento el DF se ha marcado por factores políticos, sociales y culturales bien fuertes, causantes indiscutibles de una aparente evolución en cuanto al tratamiento de este tema. Basta mencionar algunos recientes: proceso electoral 2006, legalización del aborto, Ley de Sociedades en Convivencia, Tunik en el Zócalo, marcha del orgullo LGBT 2007 (en la que por primera vez en la historia de este país, muchas más personas se atrevieron a tomar las calles y reclamar, cada quien a su modo, sus derechos, dignificar su identidad y celebrar el orgullo de ser quienes son)… y así podría enlistar varios momentos que han modificado positivamente nuestra sociedad frente a temas que atañen directamente a las personas de orientación sexual distinta a la heterosexual. Por supuesto pienso que aún falta camino por recorrer. Hemos dado apenas los primeros pasos en materia jurídica, cuestión indiscutiblemente buena. Sin embargo, la situación sociocultural es deplorable. Miremos, llenos de tristeza, las noticias de los continuos crímenes por homofobia y las constantes faltas y negligencias de los funcionarios en el poder… Recordemos, por ejemplo, el tan controvertido suceso de agresión a uno de nuestros miembros el pasado mes de febrero, durante una conferencia impartida por el Dr. Roberto Giraldo, presidente del grupo Movimiento por el Replanteamiento Científico del SIDA A.C., famoso por sus teorías negacionistas acerca del VIH-SIDA (ver “Controversia y agresión en la UAM-X por presentación de negacionistas del VIH-SIDA” en nuestro blog). Sin embargo, en general, el ambiente en que el MDS-UAM.X se desarrolla, ha sido el propicio. Aprovecho para agradecer infinitamente a las autoridades competentes de nuestra universidad, pues han sabido manejar y enfrentar cualquier vicisitud. Su reacción ha sido la que debían tener: confiadas en que nuestro trabajo era completamente positivo, abrieron de inmediato las puertas de los espacios y dieron los permisos requeridos para la realización de nuestras actividades. Por supuesto, bajo el inevitable rollo burocrático de cualquier institución pública, pero sin ningún tipo de traba. Agradezco particularmente el apoyo del Lic. Luis Razgado, Coordinador de la carrera en Comunicación Social, el Lic. Gerardo Marván, Coordinador de los Talleres de Comunicación Social, el Lic. Alejandro Suaste Lobo, Jefe de Información y Difusión Cultural. Así como el de los compañeros: Renato Osses, actualmente Maestro en Psicología Social por la UAM.X; y Arturo Granados, Dr. en Medicina, docente e investigador en la misma casa de estudios. El MDS se ha caracterizado principalmente por la realización y coordinación de actividades de carácter predominantemente cultural, desde sus inicios, se hicieron famosos los ciclos de cine de temática LGBT, las conferencias sobre sexualidad, VIH-SIDA y homofobia, las presentaciones de obras teatrales, los talleres de apoyo psicológico impartidos por ONG´s profesionales en materia, etc. Durante estos tres años, nos han honrado con su presencia personalidades como Yan María Yaoyólotl, aguerrida feminista y luchadora acérrima de la comunidad lésbica; Xabier Lizarraga Cruchaga, Antropólogo, autor del libro Una Historia Sociocultural de la Homosexualidad; Luis Perelman, Presidente de la Federación Mexicana de Educación Sexual y Sexología A.C. y reconocido Sexólogo; Antonio Medina, Coordinador del suplemento Letra S del diario La Jornada; y Julián Hernández, director de la recién estrenada película El cielo dividido. Además, hemos contado con el apoyo de diversas organizaciones (El Foro de Hombres Gay, Gpo. Erato, Alpsi A.C., CAIPAJ, Teatro&Sida, FUNDASIDA, ALTARTE, La Manta de México, entre muchas otras); medios de comunicación externos al plantel (La Jornada, Donde Ir, Tiempo libre, Homópolis, Letra S, por mencionar algunos). Actualmente, nuestra labor consiste básicamente en lo mismo, difusión y coordinación de actividades culturales de temática LGBT, dirigidas primordialmente a la comunidad universitaria de nuestro plantel. Por el momento, nos encontramos afinando los detalles de la fiesta de nuestro tercer aniversario (todos los datos sobre el evento pueden encontrarse en nuestro blog, además está disponible un podcast con toda la información sobre el evento en www.elclipuamx.blogspot.com); próximamente se expondrá en nuestro plantel una galería de fotografía de desnudo masculino realizada por Alondra Hernández y un servidor. Aún no hay fecha, pero andamos en eso. También estamos viendo la posibilidad de organizar la primera feria del libro LBGT, aunque ese proyecto está planeado a mediano plazo, es otra de nuestras prioridades en agenda. Y ¿qué ha aportado el MDS al movimiento LGBT? Siempre he dicho que el activismo se ejerce desde donde se puede. Decir movimiento LGBT implica a mucha gente y, nosotros apenas “ayudamos u orientamos” a unos(as) cuantos(as): quienes se acercan, asisten a los eventos, se mantienen en contacto vía Internet, etc. Sin embargo, considero que el activismo desempeñado por el MDS a lo largo de tres años, influirá en cierta medida en todas aquellas personas que en algún momento se detuvieron a mirar y reconocer la existencia de esa diversidad humana, promoviendo así el respeto y la tolerancia hacia las personas de orientación diferente a la heterosexual en un futuro, incluso tal vez en sus mismos núcleos familiares. Y ¿el aporte dentro de la universidad? Información. La idea es mantener viva la chispa en el estudiante universitario, que conozca, entienda y participe de su naturaleza humana. Matando dos pájaros de un tiro al promover la cultura. Cambiando un poco la dirección de mis ideas, paso ahora al trato de un tema importante: la continuidad del MDS. Una de las cosas que no pueden suceder con él es que desaparezca. Posiblemente cambie, se conozca bajo otro nombre, las premisas, ideas y hasta actividades evolucionen, pero la idea es que sigamos en pie de batalla. Tengo el gusto de informar la renovación en la coordinación del movimiento, después de tres largos años coordinando, me queda menos tiempo como estudiante en la UAM.X, la mayoría de los(as) iniciadores estamos ya por egresar. Por lo tanto, he legado la estafeta a un muchacho que sin duda continuará y mejorará la situación actual del movimiento en la universidad. Su nombre es Victor Velazquez y estudia Comunicación Social, está  apenas en el segundo trimestre de la carrera, por lo tanto le quedan otros tres años mínimos en la coordinación del grupo. ¿Por qué es importante la continuidad del MDS? Antes existieron un par de movimientos similares en nuestro plantel (para más información visitar http://www.anodis.com/nota/7883.asp#), pero ninguno sobrevivió al inevitable ciclo escolar. En nuestro segundo año, vimos venir la inminente terminación de un proyecto hermoso que creció y creció, dejarlo desaparecer era como tirar a la basura el trabajo realizado durante tanto tiempo. Si bien los otros movimientos dejaron huella y ahora forman parte de la historia de la diversidad sexual en la UAM.X, el MDS, será un parte aguas en esa historia, no para dejar huella, sino para continuar haciéndola…. Dedicar tres años de mi vida a este proyecto me ha hecho una mejor persona, he crecido a punta de golpes y preciosas oportunidades. Gracias a él se me abrieron muchas puertas, cambió mi vida familiar y me regaló unas de mis más grandes y maravillosas amistades… Seguro se escuchará cursi o patético, pero neta, si crees que puedes cambiar al mundo, lo único que hay que hacer es decidir hacerlo. Obviamente colaborando con apenas un granito de arena, pero lo haces. “Este mundo es de los audaces”, me dijo alguna vez Luis Perelman, es verdad. Y si de audaces se llena el activismo LGBT, imagínense… El MDS-UAM.X, es y será siempre mi bebé. Y como tal, ya parido, lo quiero ver crecer, desarrollarse y morir. Porque nada es para siempre. Pero de que hay MDS para rato, lo hay. Lleno de alegría, satisfacciones y júbilo, convoco nuevamente a los estudiantes de la UAM.X a celebrar con nosotros tres años de actividades culturales el pro de la diversidad sexual (visitar nuestro blog y registrarse).

Ganadora del más reciente Premio Nacional Efraín Huerta, Eve Gil, bajo una gasa de presentación moderada, invita a complacernos de un texto divertido e, incluso, a primera impresión, satisfactorio para cualquier ingenuo(a) y devoto(a) de las visitas al púlpito los domingos. Bajo un nombre efectivo, agrupa tres estupendos cuentos inspirados con la más exquisita de las musas: ¡Ahora nos toca a nosotras!  La mujer, disfrazada de otras tres, derrocha incansable talento e interminables y audaces pizcas de ironía, sobresaltos de altivez al delinear un modelo de fémina infinitamente más humano y real. Sueños de Lot, se convierte desde su publicación, sin caer en panfletos feministas, en uno de los discursos más interesantes a la defensa del derecho a ejercer libremente la sexualidad de  la mujer, dejando atrás el yugo y vocación de saberla inexistente, imposible, impensable… Inspirado por la extrovertida película de Bertolucci, “Last tango reloaded” demuestra, sin lugar a dudas, ser el cuento más aventurado y desfachatado de los tres. Sin dejar atrás un solo segundo la intensa y hasta romántica historia de Aguamarina y Cronopio en “Kundera dixit”, mi favorito por mostrar con maestría la fenomenología del “amor” a raíz de Internet; suceso extrañamente relegado por muchas personas en pleno siglo XXI. Y “Vocación de Electra”, fresco de un caso, me atrevo a llamar clásico, en toda relación amorosa experimentada por una mujer contemporánea. Incisiva, sin perder el tono de mujer fatal, adornada no tan escrupulosamente por una prosa pulida y bien lograda, llena de AMOR (qué tipo de amor o cómo interpretarlo es lo difícil y retador), Eve Gil es definitivamente una autora capaz y valiente. Excelente opción de lectura para cualquiera, recomendada particularmente a lectores de criterios amplios, aventureros y nada pudorosos. El plus está en su extensión, breve, sin demérito alguno. Nota: En el título original de este texto, las palabras “Sueños de Lot” están escritas en cursivas.

Las manos no me dejan de sudar desde la mañana. Tuve un sueño ¿horrendo?: me pedía vivir juntos y formar una familia. Desperté plácido entonces y, recordé inmediatamente la llamada sorpresiva del pasado jueves. Dijo haberse acordado de mí y sentirse ganoso de escucharme y verme. La desesperada y triste ilusión de por fin enamorarme ¿estúpido chicle indestructible en mi cabeza?, me impulsó a mostrarme contento, emocionado, emocionadísimo. ¡Qué estúpido soy! El instante se disfrazó de indiferencia cuando inconscientemente dije “ya ni me acordaba de ti”; sentí en su voz la reacción clásica de vergüenza y  ¿arrepentimiento? Pasó líquido el comentario. Caí luego en cuenta de la verdadera razón de su llamada, está sólo y con el corazón roto. Sin adentrarse en detalles, en tono condescendiente consigo mismo, habló brevemente de su ruptura y la supuesta e inevitable destrucción del amor al otro. Al engañado. Sin quitar el tono lastimero preguntó por mis andadas y contesté mis alegrías recientes: no mantenía el ánimo tan felizmente estable desde hacía rato. Más entristeció su voz al otro lado de la línea, quien sabe donde. El día en que desperté del ¿horrendo? sueño con él, anduve pendejeando en las banquetas de Coyoacán, escribiendo recaditos inútiles y trabajando incansablemente en inducir el “verdadero” sentido de su llamada, por más clara que había sido. A ninguna conclusión llegué, a cada recuerdo, una sonrisa gigantesca estropeaba el más profesional de mis rostros frente a las señoras amables del Museo Nacional de las Intervenciones; demasiadas sonrisas. Llevo aquí sentado varias horas, atormentado por el acelere de mi corazón y el imparable sudor frío que fluye de mis manos. Las he limpiado con la servilleta una y otra vez… tendré pena al retirarme, negra quedará de nervios. Sacrifico mi estómago, muero de hambre, pero vomitaría la comida a causa del desquicio; buen pretexto para ahorrar una fortuna en enchiladas; mejor, adoro a uno de mis dioses, el café, con la sexta taza, endulzada: dos de azúcar y unas gotas de crema. Sorprendentemente, sólo dos cigarros he fumado, no, uno y medio. El otro me lo pidió el infortunio a pie y herpes bucal que pasó frente al restaurante antes de mi arribo. Uno a uno, con temor a equivocarme, marqué su número y contestó. No sé disfrazar la emoción, casi me le pongo de rodillas con el tono complaciente. Le invité, dijo sí. Está por llegar Mi Mañanero, Mi Atardecer, Mi Amante De Hace Un Par De Meses. Sólo y sin hombre a su costado, apremiado por el dolor del abandono después de tres años de relación, ¿llamó para consolarse?, ¿para reafirmar un sentimiento escondido durante nuestros “queveres”?, ¿necesitado de pasión animal, como la de nuestro mañanero?, ¿esperando el apoyo de un amigo con derechos? He pensado en mostrarme firme e indiferente, alegre, pero no locamente dispuesto a su complacencia, aunque así sea. ¡Qué estúpido soy! Ni los motivos patrios, las luces tenues, la música de salón y los murales espléndidos calman mis ¿ansias?, ¿ganas?, ¿miedos? Ya no quiero café y sigo permitiendo llenen mi taza, ya no quiero sufrir y busco sin fin el sufrimiento en el amor. ¿Amor? ¡No mames!, no estás enamorado… ¡Pinche criterio adolescente, desaparece! Deja entrar la sensatez. De aquí iremos a celebrar el cumple de Alfonso, beberemos unas frías y bailaremos; tal vez nos besemos, tal vez nos miremos honestos a los ojos. Tal vez… No tengo idea del lugar donde despertaré por la mañana. Estornudé, miro la entrada, enciendo otro cigarrillo, no aparece… ¿Cómo lucirá? …llegó el primer minuto de retrazo… Terminé el cigarrillo y el café en la taza, ya sucia de tantas repeticiones, llegará… Llegó. Nota: Texto escrito el 29 de septiembre, 2007

Las calles están llenas de mounstritos, endiablados impúberes del averno. Ahora estoy a salvo en casa, llegué corriendo entre brujas y calacas, vampiros y calabazas gordas. No pude resguardarme bien, en el camino se vulneró mi corazón al ver tanta criatura disfrazada. Enternece verlos de las manos de sus padres, recorriendo los caminos por vanidad y riquezas. Imaginé llevarte de la mano un primero de noviembre, ataviado de pies a cabeza y eufórico por dulces. Sigo pensando que serás niño. Tus papás se han encargado de sembrar incertidumbre en la familia, no sé si podré llamarte Octavio. Insisten en mantener tu sexo en duda para “sorprenderse” cuando nazcas. ¡Me chocan! Tu tía Indira estaría de acuerdo conmigo en formar un frente reaccionario para sabotear a tus papás y conocer tu sexo, pero la veo muy poco; además sería un esfuerzo absurdo pues ya no tardas en nacer.  Tus abuelos maternos acaban de irse, interrumpí un rato la redacción de esta carta para saludarlos. Don Rafael es re cotorro. Me gusta charlar con él, nos divertimos mucho. Doña Gloria es moderadamente más seria, pero igual le entra al quite en las conversaciones. Pienso que serán igual o más consentidores que tus abuelos paternos.  Conforme se acerca tu nacimiento, los ánimos en casa están mejor. Nunca imaginé tanta alegría. Me siento culpable por no escribirte seguido, creía poder hacerlo. Me lo impide, sobre todo, la ansiedad de saberte cerca y mis horarios desordenados.  

 

Hace unos días tus papás redecoraron sus habitaciones. La de casa de tu mamá y la de aquí, de tu papi. Sacaron, entre muebles y ropa, un juego de cobijas, almohadas y sábanas para tu cuna, una carreola y algo que parece una canasta portabebés. Recuerdo: un día de los meses pasados vi en la mesa del comedor unas bolsas del súper, imaginé como siempre encontrar algo para engullir. Hallé un mameluco amarillo, varios juegos de playeras y shorts, unas mini sandalias y varias mamilas. El apetito que traía desapareció de súbito cuando miré tus cosas. Me emociona la emoción de tus papás, de tus abuelos, de todos los que se muestran alegres cuando miran la panza gigante de tu madre (Gigantesca: en el sexto mes hiciste subir seis kilos a tu mami, el tamaño de semejante barrigota me obliga a acariciarla cuando la miro). ¡Llega ya!, pequeño bebé. Impídeme conciliar el sueño, oblígame a cargarte para calmar tu llanto y sonríeme inesperadamente.

Nota: texto escrito el día 1 de noviembre, 2007.

A la chingada los besos furtivos de cabaret. En el tono más ardido lo digo. Muy sabrosos, encantadores y seductores, pero insolentes, ingratos e infelices. A la chingada también el pinche clóset. Estoy harto de sus malditas mañas y encierros, tiene descocada a la gente. Pobre Ojos Tristes Con Pestañas De Perro, es muy de besos furtivos. Pobre corazón de pollo el mío, tan pendejo para sucumbir ante “cualquier cualquier” Besos De Fuego En La Oscuridad.  Bailaba igualito, besaba igualito, tocaba igualito. Que pena me da el infeliz. Que pena me doy.

El pudor

20Oct07

Quieres sentirte vivo, abrir la puerta bajo tu cintura, abrir la puerta bajo las suya. Uno, otro, todos.  Delirante, demente, buscas entre la gente sin encontrar a primera vista. Sin tenerle aún se siente: lejano, invisible, intocable e inexistente. Enamorado vives de ese que, en tus sueños hace el amor apasionadamente. Y cuando parece estar cerca, entre tú y él hay medio siglo, sintiendo la enorme y fría lejanía; ruegas continúe diciéndote príncipe, coqueteando sin mover un ápice de humanidad, escribiendo amor y transmitiendo ilusiones.   Duele tanto amar así, sin ver, sentir, oler, tocar y reír. Te deshace amanecer sin su espalda acalorada. En la madrugada, los fríos inundan la almohada sobrante de tu cama, soplan hasta lamer cínicos tus labios, llegar al pecho y congelar tu corazón. Matan. Te miras al espejo desnudo, el pudor pinta rojas tus mejillas y eriza tu piel.Nota: texto originalmente escrito en diciembre de 2006.


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