Archive for the 'Poema' Category
Lluvia de noche
De noche al caer la lluvia,
fuerte como si tirar los techos quisiera,
abro los ojos cuando por cerrarse
durante toda la noche estaban.
Modorro yo y, pareja la lluvia cae
en la tierra haciéndola retumbar.
Toma ritmo y por momentos
engaña con dejarse volar,
pero sigue en picada hasta chocar
con ventanas cerradas, perros sucios
y hojas secas.
Me levanto miedoso, tocan mis pies
suelo fresco y espero impaciente
el fin de la tormenta.
Arriba, escurriendo agua ácida,
está mi ropa colgada y así quiero dejarla.
Y así quiero encontrarla, en los mismos
lazos viejos, pero tiesa y reseca por
el nublado de la mañana.
Lo sé, el aire celoso la querrá,
me despierta también
la angustia de mirar entre sus
garras mis calcetines.
Pero guardo paciencia, adusto
y sin pijama, bajo el techo
de mi habitación.
Ahora, más suaves caen las gotas;
chorros intensos se escuchan
pero no vienen del cielo, sino de azoteas
inundadas. Del cielo se escucha
apenas un tiqui tiqui, tumbando
el asfalto de la calle.
Cada vez se oye menos y
siento otra vez pesados los ojos.
Tengo menos miedo que hace rato:
cuando me paralicé al confundir
la furia de las gotas con el grito
de un hombre enojado al otro
lado de la puerta.
Volveré a la cama, a esperar menos
impaciente el fin de la tormenta.
A dormir y dejar de oír la
lluvia de la noche caer;
y soñar con que duermo tranquilo.
Al final del éxtasis
Sin pensar en nadie,
por la noche derramo
mis ansias.
Cierro los ojos y tibio
todo estoy por todos,
con todos, sin nadie,
sin pensar.
Y la sangre del río
corre sus caudales
hasta estancarse en
la cuna entrepierna.
Es tanta… Sonrío
del olor a sal que
inunda el encierro;
vigilado por veinte rosas
muertas que duermen
desde el invierno.
Abro los ojos y,
quiero escribirlo
y la negrura no me deja.
Enciendo: luz, libreta,
pluma. Y aquí estás,
delineado y frío al
final del éxtasis.
¿Si era un niño?
Jaime Rico
Para Israel Pintor
¿Si era un niño? No lo sé… Su mirada cubría curiosa y avispada mi mirada ¿Un hombre? Tal vez… Sus palabras lo rebasaban pero el miedo al amor lo definía, la postadolescencia es mágica. No permite el compromiso pero anhela ser amado, no desea la entrega y busca desesperado a que asirse.
Israel el hombre-niño, el genio encantador, la promesa perfecta…. y un día mis pasos descubrirán sus huellas; mi niño-hombre …caminando adelante tal vez mi voz no alcance ya sus oídos, mi aroma a mandarina se esparcirá en la lluvia de la ciudad pero mi niño… Mi hombre Cuernavaca… Mi viaje abrupto…. me regalará una sonrisa tierna, ya no habrá deseo ni pasiones voluptuosas, pero una gran mirada llena de antiguos erotismos, de charlas ingeniosas y esperanzas sublimes…
Gracias a Jaime Rico por sus letras. Queridísimo amigo, inspiraste poemas un día, ahora me regalas lo mejor de tí, un poema precioso de remembranzas y pasiones muertas. Que tus palabras iluminen por siempre mi vida…
el deseo…
Cáncer… El deseo me tiene en su casa prendido, roza cada centímetro de mi piel quemada.
Atormentado. Como león enjaulado jugaré a esperarte, esperaré encendido, acomedido.
Hago de mí un incomprendido de carne,
incomprendido de amor, incomprendido de ti; nunca digno de palabra aguda. Incrédulo,
emocionado, embelesado de ti.
Ahogado estoy en verbo, único por procedencia: insolente, lleno de incertidumbre, bendito y bondadoso.
Rugiendo iré hasta allá, a tu piel de verano; obstruido nada más por tu simple inocencia.
León amaestrado soy bajo tus curvas.
Grítame desesperado, grítame enamorado que me quieres todo, que yo también te quiero.
Grítame -¡Enamorado!-
Y el lagrimal retuvo mi lágrima, transparente y pura, de ti ansiosa. Y de alegría era, y no fue. No ha sido, tal vez será.
Espero, atado a tus caderas, colmado de placer, del único que no es, sino será.
Te llamo y sale, y entra y vuelve a salir.
¿Por qué te pienso y siento quemado el seso de verte, de no sentirte, sino imaginarte?: solo, pensando en mí.
Y te llamo y sale, y entra y vuelve a salir.
Y no contestas, aún.
El amor y el tiempo
Ayer, Rico, sufrí un amor
que no viví.
Hoy, Nando, siento un amor
ajeno.
Mañana, Israel, disfrutarás
el amor que toca desde
siempre tus sueños.
Ningún hombre
No sabía que las
mandarinas besaban
tan bien. El plus es
el irresistible sabor
cítrico. Ningún hombre
sabe naturalmente a mandarina.
Pienso en ti
Pienso en ti,
como pocas veces dedico tiempo a otros pensamientos,
como el mar dedica tiempo al cielo y,
el cielo a la tierra y,
demente, vuelco adrenalina.
Temeroso, con el sol sobre mis párpados,
anhelo llegue el momento en que nazcan las palabras.
Alegre, con el viento acariciando mis labios,
espero mueran las horas.
Te diré
con la piel,
con los ojos,
con el vaho de mis besos:
quiero enamorarme.
Con la voz no sé.
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