Archive for the 'Ensayo' Category
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*Hablar sobre tu orientación sexual no debería ser algo difícil y sin embargo lo es.
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*El texto que compone este artículo pretende ayudar a aligerar un poco esa carga.
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*Te invito a leer y reflexionar, tómate tu tiempo.
Del periodista, su labor y ética El periodista lleva en la razón una de las responsabilidades más importantes de sociedad: informar; hacerle llegar al receptor datos útiles en la tarea de entender el mundo. Es sin duda privilegiado pues, a diferencia de cualquier otro individuo, el periodista siempre está en contacto directo con agentes importantes: los gobernantes. En el ejercicio de su labor, el periodista adquiere al instante la fuerza casi ilimitada de un formador de opinión. Así, su papel en sociedad es uno de los más importantes pues influye de manera directa en la formulación del imaginario social. De su trabajo depende la “buena construcción” de ese imaginario. El código de ética en su trabajo es, por lo tanto, la guía que le permite realizar su función con los mejores resultados posibles: el ejercicio de la libertad de expresión, el manejo “objetivo” de la información, el respeto a la vida privada y el honor de las figuras públicas, así como la lucha contra la censura previa, sin mencionar los turbios caminos de la calumnia.
De la formación del periodista Su postura frente a corrientes ideológicas, necesariamente deberá mantenerse lo más neutra posible al momento de ejercer su profesión. Algunas de las razones que deberán arraigarse a él en ese ejercicio son: ser honesto, frente a la realización de su propio trabajo así como frente al destinatario de sus mensajes. Reconocer que el límite del interés público es la intimidad de las personas, la manipulación de la información pervierte al periodismo cuanto tergiversa, miente, negocia y escamotea, la dignidad profesional implica una autonomía moral frente a los sujetos y asuntos que trata el mismo para obtener información, así como frente a sus compañeros. Por otra parte, una consideración verdaderamente importante para el periodista es entender que un código de ética es un pacto entre ellos y lectores, no entre ellos y sus jefes, ni con los poderes públicos o privados. Raúl Tejo Delarbre, importante investigador sobre cuestiones de los medios, aporta para finalizar esta serie de ideas una opinión frente al comportamiento de los mismos: “El déficit ético de los medios crece en la medida en que nos acostumbramos a un periodismo que abreva en las murmuraciones porque en ella a menudo encuentra en escándalo de cada día que se ha convertido en su razón de ser, o de vender”.
Del código de ética propuesto por Raúl Tejo Delarbre Apunta José Martínez, autor de Prensa negra, en el apartado de su obra, titulado ÉTICA, EL DILEMA DE LOS MEDIOS, que “Desde los griegos la ética ha sido la esencia de la filosofía. El diccionario define ética como parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre”. Por otra parte, el mismo Martínez cita en ese mismo apartado a García Morente en su ensayo Lecciones preliminares de Filosofía, donde se resume la esencia de la ética de la siguiente manera: Ética: “Conocimientos acerca de las actividades del hombre, lo que el hombre es, lo que el hombre produce, que no está en la naturaleza, que no forma parte de la física, sino que el hombre lo hace”. Bajo esa definición de ética, Raúl Rejo Delarbre, propone en 1997 un código ético para los medios mexicanos en su obra Volver a los medios. De la crítica, a la ética, también publicado en las páginas del diario Excélsior. En el texto aborda todos los puntos importantes para el mejor ejercicio de la profesión periodística, desde el fin mismo del ejercicio comunicativo hasta el compromiso con la sociedad. Sin embargo, una de las grandes contradicciones en que incurre es en la de su contrastante con la realidad de la práctica periodística en nuestro país. Por mencionar un aspecto, recordemos la anotación de Delarbre en su código: “Se considera como práctica no ética, la búsqueda de una noticia mediante engaños, y/o sorprendiendo la buena fe de los informantes”. Si esta norma se siguiera al pie de la letra para no caer en el comportamiento antiético, ¿qué sucedería con el famoso caso del periodista mexicano disfrazado de médico que dio a conocer la muerte de León Trotsky? Sin duda, esa acción aunque falta de ética, le dio prestigio y sirvió de catapulta a su carrera periodística. Y es hasta la fecha, sin dudar demasiado, una de las incurrencias del periodista de nuestra época. Y si nos vamos a tratar algunos de los puntos que tratan los códigos de ética internacionales, nos encontraos con la norma “Queda prohibido el uso de tele objetivos sin permiso y queda desterrada la persecución a persona alguna por parte de reporteros y fotógrafos”. Si la norma se obedeciera, ¿qué sería del periodismo de espectáculos, sin reconocer ampliamente el comportamiento de la prensa política? Sin duda perdería a la inmensa mayoría de sus lectores acostumbrados al estilo sensacionalista y el comportamiento sin vergüenza de sus practicantes. No olvidemos que, la mayoría de las veces, estos comportamientos corresponden a las imposiciones de los dueños de los medios, sin dejar de lado las mañas de los “periodistas” especializados en escandalizar sus espacios en pro de la dinámica de la oferta y la demanda. Estas observaciones responden a una preocupación por el comportamiento actual de nuestros medios de comunicación, empero no quitan o desacreditan la importancia que tiene la aportación de Trejo Delarbre. Hacen falta muchas más de esas aportaciones en su estudio.
Prensa negra, un caso José Martínez en Prensa negra presenta uno de los casos más representativos del manejo patético e irresponsable de la profesión periodística de nuestro país. Mario Alberto Mejía, pseudo columnista poblano es ejemplo magistral de “lo que no hay que hacer” en el ejercicio del periodismo. Aunque me gustaría ahondar en las aristas que nos expone este caso en la obra de Martínez, que no son pocas, considero de mayor importancia inducir a la reflexión sobre el tema del comportamiento ético de los periodistas con las siguientes ideas: Este caso da para reflexionar largo y tendido. ¿Existe en nuestro país la posibilidad de confabular la libertad de expresión periodística, el respeto a la vida privada de las personas públicas, el ejercicio del derecho al secreto profesional y, finalmente, el respeto del derecho al honor y la imagen personal? Sí. ¿Cómo? Parece la tarea de quien vive para descubrir los hilos negros de la vida. Sin embargo, la actividad periodística en nuestro país se ha caracterizado por su evolución continua, las tecnologías, la profesionalización en material, entre otros aspectos metodológicos han sido el punto de partida que permite la construcción y mejoramiento de nuestro medios. La práctica a distancia de poderes políticos, económicos y religiosos ha sido la razón que han permitido este desarrollo. ¿Por qué no pensar –aunque suene a utopía- en la posibilidad de mejorar aún más nuestras formas y configuraciones de imprenta? Creo, esperando no equivocarme, será gracias a la continuación de esa práctica “objetiva”, decidida, comprometida con la función social inherente al trabajador de la información, que la posibilidad de configurar los principios de libertad de expresión, respeto a la vida privada, el ejercicio del derecho al secreto profesional y del honor y la imagen personal, será más realizable que imaginable. Si bien la prensa mexicana aún cae fácilmente en varios de estos vicios, vemos que mejora circunstancialmente sus modelos y estructuras. Resultado de la figura democrática en la que estamos inmersos.
Apuntes del marco jurídico que regula a los medios en México Nuestro medios comunicativos están regulados actualmente por tres figuras legales: Los artículos 6 y 7 de la Constitución Política de 1917, la Ley de Imprenta del 12 de abril del mismo año y la nueva Ley de Responsabilidad civil para la protección del derecho a la vida privada, el honor y la propia imagen en el Distrito Federal. De Constitución rescatamos los artículos 6 y 7. El primero versa sobre el derecho a la información garantizado por el Estado, el segundo sobre la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia. Debemos entender estos dos artículos como las primicias de las que se despliegan las otras dos regulaciones: La Ley de Imprenta y la nueva ley de Responsabilidad civil… Respecto de la Ley de Imprenta del 12 de abril de 1917, aprobada un mes antes de la promulgación de la Constitución del mismo año, se desprende una polémica: su validez. El argumento de quienes la desvalorizan se basa en el tiempo de aprobación de cada figura legislativa. Es decir, ¿cómo reconocer la Ley de Imprenta si los artículos 6 y 7 de la Constitución fueron oficialmente aprobados –en conjunto con la Constitución- un mes después? Al respecto, nada se ha hecho además de debatir el tema. Esa ley es desde entonces vigente, aunque en la mayoría de los casos no se ejerce. Delarbre, citado por Martínez en Prensa negra, dice al respecto de esta ley: “obedece a las discordias políticas y a la debilidad de la sociedad cuando todavía no se cumplían dos décadas en este siglo”. Por su antigüedad, la Ley de Imprenta deberá reformarse en bienestar y beneficio de los valores que permiten al periodista ejercer su trabajo bajo mejores estructuras regulatorias, así como la consolidación y refuerzo de nuestra democracia. Finalmente está la nueva Ley de Responsabilidad civil para la protección del derecho a la vida privada, el honor y la propia imagen en el Distrito Federal. De la que habré de anotar brevemente la siguiente observación: Puede asumirse que con estas reformas se extendió el certificado de defunción de los delitos contra el honor, referidos a golpes, otras violencias físicas simples e injurias, la despenalización de los ilícitos que se cometen por medio de la comunicación quedó consumida cuando se aprobó derogar los artículos que tipificaban la difamación y la calumnia. En consecuencia con la eliminación de esos tipos penales, se reforzó la legislación civil para que la honra, la reputación, la buena fama sigan siendo valores jurídicos y sociales protegidos, aunque ya no por la vía penal, sin embargo queda sobre la mesa el tema del secreto profesional pues esta ley entra en contradicción al vulnerar al periodista de verse obligado a publicar sus fuentes en caso de ser necesario o requerido para efecto de la aplicación de esta ley.
Del trabajo de José Martínez en Prensa negra El texto de Martínez resulta importante para la formación de nuevos periodistas. Rescata elementos básicos del conocimiento de quien practica o practicará una de las profesiones más importantes en una democracia. Se agradece la forma, la intención y hasta cierto punto el resultado de su investigación. Punto en que habremos de detenernos a releer, para así no incurrir en algunos de los vicios que denunciamos: sintaxis, lógica y ortografía. Sin embargo, rico es Prensa negra por su cinismo, su careta de verdad y carácter periodístico.
Desde ningún otro punto de vista puedo escribir, sobre la autobiografía como género literario, que desde mi perspectiva empírica. No recuerdo exactamente el momento, probablemente empecé a escribir un diario alrededor de mis ocho años. Tomé el poder de plasmar aquello emergente de mi cabeza y no de los malos libros de texto de la escuela que, por cierto, provocaron terror y aversión por leer y escribir en mi edad temprana. No fue hasta encontrar en ellos un grandilocuente escaparate, inigualable compañero de mi soledad, que tomé un gusto inquebrantable por hacerlos míos a diario. Amantes en secreto. Antes de escribir, leí. Y, para satisfacer al ego otro poco, quise leerme. Desde muy chamaco tengo esa necesidad, procuro saberme para así entenderme. Porque escribir sobre sí mismo es un deleite. En otras pocas experiencias encuentro tanto placer. Delinear amores y desamores, éxitos y fracasos, aventuras y desventuras, sexo y abstinencia; se ha convertido muchas veces en clímax y razón de mi existencia. Vivo para escribir y escribo para vivir. Apenas crecidito, encuentro la polémica del que siempre había considerado un género literario. Que si es ficción o realidad, que si puede leerse como un hermoso poema íntimo o un testimonio tangible del pasado. ¿Es o no válido hablar de la autobiografía como un género literario? Desde mi punto de vista lo es. Porque así me leo y leo a los autores que me han formado, recientemente, en materia. Ahí está Gabriel García Marques con Memoria de mis putas tristes, Yukio Mishima con Confesiones de una máscara o Federico Ortiz Quesada con Primero los pobres. Sin duda, cabrá en cada cabeza una y mil formas distintas de entender un texto, siempre el conocimiento previo hará la diferencia y otorgaremos significados distintos a las palabras, adaptándolas, haciéndolas nuestras tal vez. Una autobiografía puede ser, sin temor a equivocarme, la más increíble demostración de talento literario, sin perder por supuesto, cierto valor testimonial. Depende de quien lo lea y para qué, o de quien lo escriba y para qué. Creo en mis textos como testimonio de mi pasado, aproximación verosímil de mi vida, jamás retrato exacto de mis circunstancias, claro está, pues subjetiva es la vida en sí misma. Y también los veo como el más certero y trabajado reflejo de mi alma. Dedicación y empeño empírico de la única necesidad que jamás he podido dejar de satisfacer, igual que respirar, igual de comer, igual que dormir. Por tanto, nunca podría descuidarla, dejarla a secas redactada, a secas explicada, a secas reflejo de mi realidad. En esa lógica entiendo a los escritores que me regalaron su vida en palabras, adornada con recursos literarios como los utilizados para explicarme. Y qué mejor forma de conocer su realidad, mi realidad. Porque, tal vez un poco distante queda el hecho certero de la acción o acontecimiento, pero clavada como daga queda la interpretación en la mente. ¿Qué tan válido es el conocimiento adquirido en una autobiografía? ¿Qué tanto podemos creerla como verdad? Tanto como hagamos nuestros los personajes, las circunstancias y los contextos de las historias que nos cuentan. Con la maravillosa ventaja de saber existentes más opiniones y puntos de vista acerca del hecho, del o los personajes y circunstancias. En tanto, lo que en una autobiografía entendemos, es tomado de la realidad y, según quién lo diga y para qué, podemos considerar el conocimiento adquirido de ella válido y aproximado.
Yo activista
Hace dos años comencé una historia que no ha llegado a su fin. Fue como ver nacer un hijo propio. ¿Cómo fue? Lo he repetido hasta el hartazgo: hizo falta únicamente un par de hojas de papel, plumones de colores e ideas transgresoras a punto de cocción. Desde entonces todo camina a marchas forzadas, desesperadas jornadas de trabajo y arduos esfuerzos sobrehumanos. En más de una ocasión me han dicho sin pena ni rubor, -Lo que haces tú y los que se dedican a lo mismo, lo puede hacer cualquiera. A esos comentarios jamás di respuesta, al escucharlos se iluminaba una sonrisa en mis labios. Si bien podrían ser comentarios certeros, la verdad no cualquiera hace lo que un activista es capaz. Véase la diferencia entre, cualquiera podría hacerlo y no cualquiera lo hace. Como yo, cualquier otra persona puede si quiere cambiar el mundo, poner el ejemplo, modificar esquemas, informar, etc. Todo depende de querer hacerlo y saber la importancia de estas acciones. ¿Por qué y para qué ser activista? Razones deben existir miles, cada quien sabe sus perversiones, como dicen los que saben. En mi caso dos razones me tienen trabajando a favor de los derechos y el respeto de y para la comunidad LGBT en mi universidad: servir y ayudar a quien requiera apoyo, orientación e información sobre temas de diversidad sexual y cambiar el mundo. Habrá quien me declare completamente loco, si bien la primera de mis razones parece una meta coherente y alcanzable, la segunda en definitiva está rebasada. Pues sí, estoy loco. Quiero cambiar el mundo y, posiblemente con el trabajo que vengo desarrollando en el mds-uam.x desde su comienzo a finales del 2004, lo estoy logrando. Paulatinamente, desde una sola trinchera, con los efectos y alcances posibles, pero lo estoy logrando; hace dos años de eso. Hace treinta años era impensable la existencia de movimientos universitarios pro diversidad sexual; peor aún era ver de la mano una pareja de gays o lesbianas. Hoy vemos más respeto y apertura, no solo en la calle, las escuelas y algunos medios de comunicación, sino también en los núcleos de la sociedad: las familias. Se lo debemos, sin lugar a dudas, a las personas que lucharon por la causa hace treinta años. Tal vez, como resultado del trabajo actual, el mundo en el que vivimos hoy, será mejor dentro los siguientes treinta años. Y sí, desde el nacimiento del mds-uam.x el trabajo es cansado, requiere de dedicación, tiempo y hasta en ocasiones dinero; parece mentira, pero es tristemente un trabajo rayado en lo individual, es decir, lo hago casi solo. Y sigo, sigo y sigo hasta donde el cuerpo aguante, hasta donde es inevitable llegar. En menos de una cuartilla he logrado plasmar una realidad que pocos comparten y asumen, he descrito sobre todo cuestiones que desenmascaran una labor poco conocida desde la visión de quien la realiza. En estas líneas se leen a grandes rasgos los que podrían considerarse contras de ejercer la labor. La intención es desnudar la realidad, ponerla tácita y viva frente a los ojos de quienes dudan y se preguntan al respecto, con la intención de presentar el reto. Porque será gracias a la continuidad de este tipo de acciones que lograremos seguir cambiando al mundo. Nunca terminaría de escribir las bondades, alegrías y orgullo que trajo consigo dedicarle parte de mi vida a esta maravillosa causa. Ser activista no es fácil, pero qué satisfacciones te da serlo.
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